Mirando hacia una recuperación integral para América Latina saliendo de la crisis derivada del Covid-19

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Es indudable que este 2020 ha sido un año retador para Latinoamérica. La propagación del Covid-19 se estableció en un contexto complejo de creciente desigualdad, cambio climático, guerras comerciales, migración desprotegida y tensiones geopolíticas globales.

Lo confirma Antonio Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas, quien comentó hace unos días que la región estaría experimentando una impresionante caída del 9.1% en el PIB, la peor del siglo. Bajo la misma línea, la Comisión Económica de América Latina y el Caribe prevé que el número de personas en situación de pobreza se incrementará en 45 millones en el 2020, con lo cual el total de personas atravesando pobreza pasaría de 185 millones en el 2019 a 230 millones en 2020, cifra que representa el 37% de la población latinoamericana.

El trabajo que tenemos por delante es reconstruir y reiniciar mejor. ¿Qué criterios deberíamos utilizar?

Incluso antes de que surgieran estas múltiples crisis, había un creciente reconocimiento internacional de que el bienestar es multidimensional y no se puede capturar exclusivamente a través de métricas monetarias. Cuando los países se centran únicamente en aumentar su producto interno bruto (PIB) anual, la preocupación por el medio ambiente, la disminución de la pobreza o incluso los servicios básicos como el suministro de agua potable (fundamental para la higiene frente al virus), corren el riesgo de quedar en un segundo plano.

Esto no significa que debamos dejar de medir el PIB, sino que debe complementarse con información que capture dimensiones de bienestar y sostenibilidad más allá de la producción económica. No se equivoquen, el crecimiento económico es necesario para impulsar el bienestar de la población, pero ese crecimiento debe darse en el marco de un nuevo patrón de desarrollo, compatible con el uso sostenible de los recursos naturales y la reducción de las brechas sociales.

El enfoque de crecimiento sostenible es crucial para una recuperación integral después de la pandemia y así tomar las acciones necesarias para mejorar el bienestar de América Latina. En ese sentido, tenemos por delante el desafío de aumentar nuestra comprensión de las diferentes dimensiones del bienestar, y la necesidad de incorporarlas en nuestra toma de decisiones en todos los niveles de actividad del gobierno y del sector privado.

Está claro que las empresas cumplirán un papel fundamental para la recuperación integral de América Latina y el Caribe. Pero no será un camino fácil, ya que la nueva realidad post-covid las estará obligando a pensar fuera de la caja, a salir de su zona de confort y a ver cómo evolucionan las necesidades de mercado. Los productos y servicios deberán evolucionar como lo hace el mercado. De lo contrario, las empresas serán otras víctimas del virus.

Es indudable que estos ya 6 meses de pandemia han puesto a prueba la supervivencia de los negocios de todo el mundo. Sin embargo, si bien el virus sigue causando estragos, muchas de las startups latinoamericanas siguen prosperando. Lo confirma una encuesta del Latin American Venture Capital Association de agosto de 2020, la que muestra información inesperada sobre cómo el Covid-19 ha beneficiado en mayor medida a los nuevos negocios que a los existentes de nuestra región.

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Quizás, este efecto se deba en parte a que las startups de América Latina encuentran nuevas oportunidades para crear soluciones, herramientas y recursos que responden directamente a la pandemia como en el e-commerce con Mercado Libre que incrementó sus ventas en +70%, el delivery con Rappi que incrementó su frecuencia de uso promedio por semana de 1.6 a 1.9 y los servicios financieros con Nubank que ha visto un aumento de los clientes mayores de 60 años, una situación inédita, considerando que ese segmento de la población no parecía dispuesto a abandonar sus visitas a las sucursales bancarias. Otra teoría es que la cuarentena ha acelerado la necesidad de que las nuevas empresas nazcan en línea, aumentando la eficiencia y reduciendo los costos.

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La pandemia ha cambiado las reglas del juego y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) serán, ahora más que nunca, una guía fundamental para garantizar, no ya la transición hacia un modelo sostenible, sino un puente a la supervivencia.

Como lo precisó hace unos días Carlos Felipe Jaramillo , Vicepresidente del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, sería un error garrafal que nuestra región vuelva al mismo modelo económico anterior a la pandemia porque no estaba en armonía con los ODS y no nos aseguraría una recuperación integral de la crisis derivada del Covid-19.

Así que depende de nosotros tomar acción desde nuestros respectivos frentes para asegurar el punto de inflexión necesario para la recuperación integral que todos deseamos para nuestra región. Hemos salido de situaciones de crisis en el pasado y ,con el compromiso de todos, esta no será una excepción.

 

Fuentes:

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By Jason Pareja Jauregui. One Young World Coordinating Ambassador, South America

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